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La familia, tal como está definida en nuestra Constitución Política, es el núcleo fundamental de la sociedad. Pero no sólo es buena para la sociedad, sino que también lo es para el desarrollo del ser humano. Es en la familia donde se obtiene cariño, sustento, afecto y se descubre el sentido de la vida.

La sociedad siempre asignó una mayor importancia al papel de la mujer en la crianza de los hijos. Sin embargo, el rol del padre es fundamental, tanto para el correcto desarrollo de los niños como para su futura vida adulta. Mientras que las madres tienden a dominar la educación de los hijos, los padres también desempeñan un papel muy importante en su desarrollo psicológico, emocional, y social.

Los hombres pueden tener mucha influencia en sus hijos, sin necesidad de sacrificar su ‘masculinidad', sólo deben hablar y pasar más tiempo con ellos.

Los niños que desde el nacimiento crecen con una gran influencia de sus papás en la educación, tienen beneficios como identidades más definidas, una mayor capacidad de tener y conservar lazos significativos y mayores habilidades para desempañarse solos. Es fundamental la presencia de un hombre adulto –con un rol activo- en el hogar, particularmente porque entre sus 9 y 11 años, exploran su propia identidad, y el padre es el único que puede balancear el cuadro previamente dominado por la madre.

Marca la vida de los hijos

El estilo de personalidad de un hombre tiene impactos significativos en la personalidad básica y en su manera de aproximarse a la vida de su hijo. Los padres que nunca dejan de desempeñar el rol de hijos en la vida, engendran hijos dependientes, requieren crianza constante y considerable, tienen cualidades limitadas como líderes y “son dirigidos por otros" en la mayoría de sus relaciones. En cambio, los hijos con padres esforzados, siempre presentes y amorosos que representan un modelo positivo, quieren volverse como él. En contraste, los hijos de padre egocéntricos, psicopáticos o machos crueles pueden permanecer como hijos perpetuos porque no quieren convertirse en padres. Su razonamiento inconsciente es “si eso es un padre, ¡no me quiero convertir en él!”.

Los honestidad en las acciones y mantener un diálogo franco con los hijos evita que sucedan casos como el de un joven de 22 años que idealizó al padre por encima de todos, incluso de la madre, y éste en realidad maneja una doble vida, al ser descubierto casualmente, se desfiguró la imagen paterna y sintió que su vida era lo mismo: una mentira.

 

Comenzó a desconectarse con todo, amigos, familiares universidad, inclusive de su cuerpo al punto de que no sentía ni siquiera su piel, se negaba a una relación sentimental y llegó a desesperarse tanto que no coordinaba en sí mismo ni siquiera su patrón sexual. Hoy en día al recibir ayuda terapéutica psicológica su vida comenzó a tener un norte y su personalidad y autoestima han mejorado notablemente.

La satisfacción del deber cumplido

Las complacencias que produce la maternidad por mucho tiempo fueron propiedad de las mujeres, pero hay una nueva generación de hombres que descubrieron en su rol paterno iguales satisfacciones. El padre y el rol que éste desempeña, así como la madre, son primordiales para los hijos.

Psicólogos, psiquiatras y educadores han manifestado persistentemente que la preocupación empática por los otros, el autocontrol, una alta sensibilidad moral e incluso el desarrollo físico están determinados en un nivel importante por el compromiso del padre en la crianza y educación.

No hay un rol paterno único al cual todos los padres debieran aspirar. Lo que sí está claro es que, sea cual sea el rol que asuma el padre de acuerdo al contexto, su influencia y presencia es fundamental y define en gran parte el futuro de su hijo.

 
Los niños con padres altamente comprometidos se caracterizan por una mayor capacidad cognitiva, mayor empatía, creencias sexuales menos estereotipadas y mejor capacidad de autocontrol.